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Hepatitis C: Información Esencial y Guía de Pruebas de Laboratorio

Hepatitis C: Información Esencial y Guía de Pruebas de Laboratorio

La hepatitis C es una infección viral que afecta principalmente al hígado y es causada por el virus de la hepatitis C (VHC). Esta infección puede variar desde una enfermedad leve que dura unas pocas semanas hasta una afección grave de por vida. El virus se propaga principalmente a través del contacto con sangre infectada, más comúnmente al compartir agujas u otros equipos de inyección de drogas. Los trabajadores de la salud también pueden estar en riesgo por lesiones accidentales con agujas. Con menos frecuencia, el virus puede transmitirse de madre a hijo durante el parto o a través del contacto sexual con una persona infectada.

Muchas personas con hepatitis C no experimentan síntomas, especialmente en las etapas tempranas de la infección. Cuando los síntomas ocurren, pueden incluir fatiga, fiebre, náuseas, pérdida de apetito, dolor abdominal, orina oscura, heces de color arcilla, dolor en las articulaciones e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos). Debido a que los síntomas a menudo están ausentes o son leves, muchas personas no saben que están infectadas hasta que se detecta daño hepático durante pruebas médicas de rutina o exámenes de detección en donaciones de sangre.

Las pruebas de laboratorio son esenciales para diagnosticar la infección por hepatitis C. La prueba de detección inicial es una prueba de anticuerpos que detecta si una persona ha estado expuesta alguna vez al virus de la hepatitis C. Si se detectan anticuerpos, se realiza una prueba de seguimiento llamada prueba de ARN del VHC para determinar si el virus está actualmente activo en el cuerpo. La prueba de ARN puede detectar el material genético del virus y confirmar una infección activa. Las pruebas adicionales pueden incluir pruebas de función hepática para evaluar qué tan bien está funcionando el hígado y pruebas para determinar el genotipo específico del virus, lo que ayuda a guiar las decisiones de tratamiento.

El tratamiento para la hepatitis C ha mejorado drásticamente en los últimos años con el desarrollo de medicamentos antivirales de acción directa. Estos tratamientos más nuevos son altamente efectivos, típicamente curan la infección en ocho a doce semanas y tienen menos efectos secundarios que las terapias más antiguas. Sin tratamiento, la hepatitis C crónica puede conducir a problemas hepáticos graves, incluyendo cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado. El monitoreo regular a través de análisis de sangre y estudios de imagen ayuda a los proveedores de atención médica a evaluar la salud del hígado y detectar complicaciones tempranamente. Las personas con mayor riesgo de hepatitis C, incluidas aquellas que han usado drogas inyectables, recibieron transfusiones de sangre antes de 1992 o nacieron entre 1945 y 1965, deberían considerar hacerse la prueba.